Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player


 
 


¿Un infarto? ¿Yo? No es posible…

La negación suele ser el primer mecanismo con el cual se enfrenta el diagnostico. A esto contribuye su comienzo a veces abrupto y muchos de sus factores de riesgo, como la diabetes, las dislipidemias,  (colesterol y triglicéridos elevado)  o la hipertensión, que pueden no dar síntomas. El shock y el impacto emocional de sentir en peligro la vida ponen en marcha estos mecanismos de defensa.
Sin embargo, a partir del diagnóstico de una enfermedad cardíaca muchas cosas cambian. A partir de este momento el temor a padecer otro evento cardiovascular puede teñir de angustia la vida cotidiana aún en los casos en los que el médico afirme que está todo en orden y que los estudios den bien.
Las perturbaciones más frecuentemente encontradas dentro de los dos meses de ocurrido el infarto son:

  • Irritabilidad.
  • Impaciencia.
  • Cansancio inhabitual.
  • Emotividad lábil (llanto fácil ante estímulos menores). 

Dos síntomas pueden ser considerados como preocupantes si persisten luego de seis meses de ocurrido el evento cardiovascular: Estos requieren atención inmediata y especializada.

  • La hostilidad exacerbada, que se desencadena ante los mínimos estímulos.
  • La existencia de una depresión, incluso menor.

Una posición hostil o una desconfianza hacia la utilidad de los cuidados necesarios y las indicaciones médicas, la depresión y el pesimismo por el futuro, pueden contribuir a un menor cumplimiento de las indicaciones del médico (alimentación, ejercicio, etc.) y de la toma de medicación, y así influir sobre la evolución posterior del cuadro.
Es mucho lo que hay que cambiar tras un infarto. Afortunadamente la Psicocardiología, rama de la psicología especializada en el tratamiento del paciente cardiovascular, cuenta con las herramientas necesarias para ayudar al paciente a efectuar estos cambios, ya sea a nivel individual (poner hipervínculo a tratmiento individual) o grupal (poner hipervínculo a tratamiento grupal o al PRE).
Los factores psicosociales que influyen en la enfermedad cardiovascular y que por lo tanto deben, y pueden, ser manejados tras un infarto son:
1) La depresión.
2) La ansiedad.
3) Algunos rasgos de personalidad como la irritabilidad y la impaciencia.
4) El estrés.
5) El aislamiento social.
Estos verdaderos factores de riesgo actúan tanto a nivel de las conductas como por ejemplo el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo, como a nivel fisiológico, incrementando los niveles de colesterol, la agregación plaquetaria o la presión arterial, entre muchos otros mecanismos.

LA DEPRESIÓN:

Es fácil comprender por qué alguien puede estar deprimido luego de un ataque cardíaco o de una cirugía de by pass. El estrés de la internación, el miedo a otro infarto, la presencia de un sentimiento de vulnerabilidad, los múltiples interrogantes sobre el futuro, la necesidad de modificar hábitos de vida nocivos, son motivos más que suficientes.
Síntomas de depresión severa:

  • Sentimientos de tristeza, desesperanza y angustia la mayor parte del día, casi todos los días.
  • Pérdida de interés o placer en las actividades que anteriormente disfrutaba.
  • Perturbaciones del sueño – ya sea insomnio o hipersomnia (dormir demasiado).
  • Estar “hiperacelerado” o “aplastado” al punto de que las otras personas lo noten.
  • Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  • Sentimientos de inutilidad o excesiva culpa.
  • Problemas de pensamiento o de concentración, dispersión, vaguedad al hablar.
  • Pensar excesivamente acerca de la muerte.
  • Disminución del cuidado por la apariencia personal.
  • Cambios del estado de ánimo. Muchas personas que sufren de depresión, pueden demostrar  una agresividad que no es característica en ellas.

Es muy importante detectar la presencia de un estado depresivo, ya que aumenta el riesgo de padecer otro evento cardiovascular. Los pacientes deprimidos tienden a ser menos consistentes en la toma de la medicación o en adherir a un programa de rehabilitación física. Pueden tener menos soporte emocional, más estrés y menos habilidades para enfrentar las situaciones. Además la sangre de personas deprimidas forma coágulos más fácilmente, lo que contribuye a la formación de ateromas dentro de las arterias, reduciendo el flujo sanguíneo hacia el corazón y aumentando el riesgo de un ataque cardíaco. Las posibilidades de desarrollar irregularidades en el ritmo cardíaco son también mayores.

LA ANSIEDAD:

 Puede manifestarse por diversos indicadores:

  • Nerviosismo,
  • Irritabilidad,
  • Inquietud e impaciencia.
  • Dificultad para quedarse quieto o concentrarse, por ejemplo mirando una película.
  • Tensión muscular.
  • Necesidad de comer constantemente o “picar”.
  • Fumar.
  • Perturbaciones del sueño, Insomnio, dificultad para  sostener el sueño, o sensación de despertarse de un sueño no reparador.
  • Tendencia a la hiperactividad, a hacer muchas cosas a la vez.
  • Genera sensación de incertidumbre, (no sabe lo que va a pasar)

La ansiedad también influye en nuestro aparato cardiovascular a través del sistema nervioso autónomo, aumentando la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

FACTORES DE PERSONALIDAD:

Existe un tipo de personalidad, llamada Personalidad Tipo A (PTA) que parecería contribuir a la enfermedad cardiovascular.  Se  trata de una forma de ser, de un patrón de conducta que se sintetiza usando estas cuatro letras AIAIAmbición, Impaciencia, Agresividad, Irritabilidad. Las personas con esta personalidad viven en un esfuerzo relativamente crónico para obtener un número usualmente ilimitado de cosas de su medio ambiente en el período más corto de tiempo y generalmente en competencia con los demás. 
La PTA se acompaña de:

  • Tensión muscular crónica.
  • Una forma de hablar acelerada y enfática.
  • Reacciones emocionales tales como ira, irritación y hostilidad encubierta.
  • La ansiedad suele estar presente en casi todo momento.
  • La familia de una persona con PTA suele verse afectada ya que las exigencias y actitudes de desvalorización hacia los demás producen serios conflictos familiares.

Se ha comprobado que la PTA tiene sus efectos en el aparato cardiovascular. Las personas con PTA demostraron tener una presión sistólica mayor y un aumento del ritmo cardíaco.

EL AISLAMIENTO SOCIAL:

El ser humano es gregario por naturaleza y busca establecer contacto con sus congéneres. La construcción de redes de apoyo social funciona como un eficaz amortiguador de los sinsabores de la vida, brindando apoyo y contención en los momentos difíciles. Se ha comprobado que los pacientes casados (con una buena contención familiar)  tienden a evolucionar mejor que los solteros o separados o viudos. Aquellos individuos aislados, carentes de contactos humanos significativos, de familia y/o amigos presentan un peor pronóstico, lo que se combina generalmente con estados depresivos los que, como vimos, agravan aún más la situación.

¿ES POSIBLE MODIFICAR ESTOS FACTORES DE RIESGO EMOCIONALES?

Entre los factores de riesgo coronarios existen los no modificables, como la edad, el sexo, los factores genéticos, y los factores modificables, como el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad.
Muchos pacientes piensan que ya a cierta edad es muy difícil cambiar la forma de ser. Es cierto, pero también es cierto que el cerebro tiene una propiedad maravillosa, llamada “neuroplasticidad”. O dicho en términos sencillos, la capacidad de aprender.
Siempre que aprendemos algo nuevo, sea un idioma o una forma de responder frente a una situación, nuestro cerebro está formando nuevas conexiones entre las neuronas.  Muchas veces nos manejamos en el mundo con un repertorio limitado de respuestas frente a los desafíos y problemas de la vida diaria. Si somos capaces de ampliar ese espectro de reacciones, estaremos desarrollando nuevas y más eficaces herramientas para vivir.
En definitiva, se trata de aprender nuevas conductas en reemplazo de aquellos viejos comportamientos que a veces lo único que hacen, es meternos en problemas, aumentando los niveles de estrés y de infelicidad.
Para lograr estos cambios, a veces se hace necesaria una ayuda especializada, sea individual o grupal. La psicoterapia apuntará a brindarle al paciente, nuevas las herramientas, necesarias para manejarse de modos más saludables para el corazón; abriendo la mente a nuevas perspectivas y a nuevas experiencias para mejorar no solo la cantidad sino también la calidad de vida. 

 

Estamos acostumbrados a pensar que nuestro corazón late siempre al mismo ritmo, uniforme y parejo. Nada más alejado de la realidad. Por el contrario, si el corazón es sano no late siempre al mismo ritmo, sino que presenta una saludable variabilidad, precisamente llamada “Variabilidad cardíaca” (VC).
Es una medida de la salud de nuestro cuerpo y de nuestro estado físico, ya que permite responder flexiblemente a los cambios del entorno.  Si bien tiende a disminuir con la edad, una baja variabilidad puede predecir futuros problemas de salud.
La VC depende de la acción de las dos ramas del Sistema Nervioso Autónomo, el Simpático (responsable de la activación) y el Parasimpático (relajación), las que al actuar sinérgicamente, permiten una buena adaptación a las condiciones cambiantes del medio.
Muchos factores influyen sobre nuestra VC, incluyendo los patrones de respiración, nuestros pensamientos y, fundamentalmente, nuestras emociones.  Por ejemplo, la ansiedad, el enojo y la frustración producen un trazado errático y con forma de picos, lo que llamamos un ritmo cardíaco incoherente.
En cambio, las emociones positivas envían a todo el cuerpo una señal totalmente diferente. La apreciación, la gratitud, el amor, la serenidad, producen un trazado sinusoidal produciendo un ritmo cardíaco coherente. En este caso, ambas ramas de nuestro sistema Nervioso Autónomo funcionan armónicamente haciendo que nuestro cuerpo trabaje con eficiencia y armonía.

EL ESTRÉS Y LA VARIABILIDAD CARDIACA

El estrés afecta a las personas física, mental y emocionalmente. Según el American Institute of Health, el 90% de todas las enfermedades están relacionadas con el estrés.
Éste contribuye a producir y/o agravar condiciones médicas tales como Enfermedad Coronaria, Hipertensión arterial, Accidentes Cerebrovasculares y depresión, entre muchas más.

El desgaste producido por el estrés y las emociones negativas hacen que nuestro cuerpo funcione con baja eficiencia y mucho gasto energético.

EN QUÉ CONSISTEN EL DIAGNÓSTICO Y EL TRATAMIENTO?

A través de este instrumento de diagnóstico del estrés,  Ud. podrá saber cuan estresado está, siguiendo el ritmo cambiante de sus latidos y observando en la pantalla los indicadores de estrés o de tranquilidad. Ya no es suficiente con solo decir “Estoy estresado” o “Estoy tranquilo”. A través de este software podemos visualizar,  y  corregir, los estados alterados de nuestro mentecuerpo.
El diagnóstico se realiza por medio de un sensor que va conectado al dedo del paciente y que, mediante el software específico determinará los niveles de estrés, la variabilidad cardíaca y la coherencia cardíaca.
Una vez realizado el diagnóstico, se procede al aprendizaje de la Coherencia Cardíaca, ejercicio que permite corregir el trazado irregular e incoherente, producto del estrés, en uno más saludable y coherente, facilitando los procesos regenerativos naturales de nuestro cuerpo, logrando incrementar la variabilidad cardíaca. Los efectos son tanto inmediatos como duraderos.
El Tratamiento consiste en seis sesiones de 45 minutos de duración, con un seguimiento a los dos y a los seis meses.
En cada una de las sesiones se analizan los avances y los obstáculos, haciendo hincapié en los estresores (situaciones estresantes) particulares a cada persona. A medida que se observan las mejorías se va incrementando el nivel de dificultad del programa, agregando también juegos electrónicos que hacen divertido este proceso.


 



www.cardiosaludweb.com.ar
- cardiosaludweb@gmail.com
diseño web: elementos